Comunicación asertiva: qué es y cómo puede ayudarte a mejorar tu vida en familia

A través del lenguaje es posible construir o destruir relaciones. Esto es una realidad. El lenguaje que utilizamos llega a definir los vínculos que establecemos con otras personas y de allí que el cómo sea la comunicación determina mucho el tono y carácter de nuestras relaciones. 

Más aún, el cómo ha sido la comunicación con nuestro entorno durante la infancia va a determinar en gran medida nuestra forma de aproximarnos a los demás durante la vida adulta, así como la capacidad expresiva que podamos desarrollar.

¿Has reflexionado alguna vez acerca de la forma cómo te comunicas en tu hogar, particularmente con tus hijos?

Tradicionalmente, la comunicación de adultos con niños y niñas ha sido vertical. El adulto asume un rol directivo, un puesto de mando. El niño pasa a ser el dirigido, el que debe obedecer. De allí que, por lo general, el lenguaje utilizado con los más pequeños suele estar cargado de órdenes, imperativos e instrucciones.

Desde hace varios años está ocurriendo un cambio en la consciencia acerca de los efectos que este tipo de comunicación autoritaria tiene en las relaciones familiares y, sobre todo, en la autoestima y en el desarrollo de ciertas capacidades en los niños. 

Sin embargo, pasarse al extremo contrario, a una comunicación totalmente pasiva y complaciente, bloqueando la expresión de necesidades propias del adulto y de referencias que pueden ser útiles a modo de guía y orientación, también puede ser perjudicial para los más pequeños. No sólo desde la perspectiva de la relación sino también del modelaje que se hace para su propia comunicación a futuro.

Alternativa

La comunicación asertiva es una propuesta nacida de la psicología humanista desarrollada por Carl Rogers y que se profundiza en el modelo de Comunicación No Violenta de Marshall Rosenberg, discípulo de Rogers, a partir de la década de los 80. 

Se trata de un estilo de comunicación en el que es posible expresar ideas, sentimientos y necesidades de forma directa, segura, tranquila y honesta, al mismo tiempo que ser empático y respetuoso con las otras personas. Hay respeto por uno mismo y por el otro. 

Los conceptos básicos asociados con esta práctica son: aceptación, escucha activa, empatía, confianza (y autoconfianza), consciencia,  mensajes-yo (en lugar de mensajes-tú), autonomía, libertad de elección, poder personal, no-directividad e inteligencia emocional.

Es posible aprender este estilo de comunicación conociendo sus fundamentos, tomando consciencia de su utilidad y beneficios y, sobre todo, practicando mucho. 

La experiencia profesional con familias posibilita el conocimiento de distintos estilos comunicativos. Con frecuencia hay una fluctuación entre lo directivo/autoritario y lo pasivo/complaciente porque es lo más conocido y lo que en general se ha integrado como patrón familiar. Sin embargo, otra forma de comunicar, ser y estar con la infancia y en familia es posible. 

En la práctica

Un ejercicio interesante para practicar la comunicación asertiva o no violenta es tener en cuenta los siguientes pasos: 

  1. Describir los hechos sin juzgar
  2. Expresar los sentimientos o emociones al respecto
  3. Manifestar la necesidad que no está siendo satisfecha
  4. Hacer una petición concreta 

Un ejemplo podría ser: “cuando vamos con prisas en las mañanas porque te despiertas tarde y no quieres vestirte me siento muy frustrada. Me gustaría que fuera más tranquilo e ir sin tener que correr todo el camino. Me gustaría que cuando sonara el despertador o te avisara pudieras levantarte sin tanta demora”. 

En cuanto a la educación y comunicación con niños y niñas, solicitar su colaboración, poner límites, he aquí algunas claves: 

  1. Anticipar. Avisar con antelación planes y actividades que les afectan o implican.
  2. Dar opciones válidas. Ofrecer alternativas en aquellas cuestiones que les conciernen directamente como su ropa, comida. Es importante valorar antes, preseleccionar. Ofrecer demasiadas opciones puede confundir.
  3. Enfatizar lo que SÍ es posible hacer. Es muy frecuente insistir en lo que NO. 
  4. Informar el límite previamente. Definir lo que el adulto hará si hay X comportamiento por parte del niño (“si lanzas este juguete podrías golpear a alguien. Si lo haces,  lo guardaré. No voy a permitir que hagas daño”)
  5. Evitar etiquetas y generalizaciones que suelen ser exageradas o inciertas y nos alejan de la realidad de la situación concreta y del niño como ser único.
  6. Nombrar las emociones y comenzar a identificar sensaciones, compartir términos que contribuyan con el autoconocimiento y la inteligencia emocional.
  7. Expresar claramente la petición al niño. Usar frases cortas, concretas y claras. 

¿Cómo ayuda esto a fomentar la colaboración y la responsabilidad desde la primera infancia? El lenguaje asertivo y no directivo apela a la responsabilidad y compromiso de la persona, a su capacidad de decidir y actuar, ubicándolo en el centro de la acción y no en un rol secundario (“el que obedece”). Usar este tipo de lenguaje desde la infancia conecta con la motivación personal e invita a buscar soluciones de manera autónoma. Un aprendizaje útil para el largo plazo. 

Este camino además beneficia la conexión adulto-niño, al establecer una comunicación más sensible con el lugar del otro, lo que contribuye a su vez a construir progresivamente vínculos más sólidos y basados justamente en el respeto mutuo y en la consideración de que todos somos personas. Niños y adultos.

Soraly Resplandor 

Consultora de Comunicación y Convivencia Familiar
Creadora del programa Liderazgo Amable en la Familia – LAF ©
www.soralyresplandor.com

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