Equipaje mental, cómo puede afectar tu relación con tus hijos

¿Te has preguntado alguna vez de dónde pueden venir ciertas expresiones o comportamientos automáticos que surgen en tu proceso de crianza? 

Frases hechas, pensamientos, patrones de conducta e incluso creencias limitantes que están tan profundamente arraigadas que se transitan y viven de una forma natural a pesar de que muchas veces, en realidad y si las analizamos, podríamos ni estar siquiera de acuerdo. 

Muchos de esos patrones y pensamientos se integran durante nuestra infancia y en la vida adulta se reflejan en las relaciones de dos formas principales:

  1. A través de expectativas, positivas o negativas, acerca del “deber ser” de ciertos roles de la vida de la persona (pareja, trabajo, ma/paternidad…) 
  2. A través de comportamientos automáticos, patrones instintivos de conducta que surgen ante determinadas situaciones de manera espontánea. 

A veces llamado equipaje mental, puede llegar a convertirse en una especie de carga que limita nuestra conexión con la realidad y problemas menores del presente pueden verse contaminados por esas corrientes de pensamiento aún sin tener un vínculo directo.

Situaciones con los hijos, la pareja, en el trabajo. Todo puede ser observado y vivido a través de filtros vinculados con mensajes recibidos en nuestra infancia con respecto a distintos ámbitos vitales. 

Observo con frecuencia en la convivencia familiar, y particularmente con niños pequeños, formas de hacer, patrones educativos y de crianza, automatismos, creencias integradas en la dinámica cotidiana y el argumento en algunos casos es porque siempre se ha hecho así.

Por ejemplo, ocurre con respecto a hitos físicos (introducción a la alimentación complementaria, expectativas de gatear, andar y otros) y también con los emocionales: dejar que llore porque quiere brazos y eso es malcriar; resolver en lugar de acompañar, apostar por la obediencia en lugar de la colaboración. Y así sucesivamente. Mensajes que hemos recibido e integrado sin reflexionar realmente que tienen validez (científica por ejemplo) o, simplemente, si estamos de verdad de acuerdo. 

En ocasiones, algunos adultos en realidad seguimos pautas externas o creencias que provienen de nuestro pasado, sin interrogarnos sobre nuestro propio criterio al respecto. 

¿Cómo podrían afectar ciertos hábitos y creencias en nuestra relación con los hijos?

Actuar en automático, desde el “siempre se ha hecho así” podría suponer limitar el espectro de visión con respecto a las verdaderas necesidades e intereses de los hijos.  Podríamos poner filtros que nos impiden observar la realidad de manera consciente y objetiva.

Una de las premisas que comparto y repito es que no hay recetas ni varitas mágicas para afrontar las situaciones derivadas de la educación y la crianza, en general de la convivencia familiar. Cada familia, madre, padre, niña, niño es un universo en sí mismo. Y juntos constituyen una galaxia particular. 

De allí que abordar la realidad familiar, tu realidad, supone acercarse a las particularidades y características únicas de tus hijos. De tí misma. Nuestros abuelos y padres educaron y criaron en un contexto social y en un momento histórico muy diferente al de ahora. Cada persona, cada niño es diferente. ¿Entonces por qué aplicar la misma fórmula en todos los casos?

Siempre se ha hecho así

El “siempre se ha hecho así” es cómodo. ¿Qué duda cabe? Es economía de reflexión. Simplemente se acepta lo que se sabe. Mochilas emocionales aplican, a veces las voces externas también. “Porque mi hijo se dormía así o asao”, “porque ya es hora de que el niño haga, coma, diga…” Todo está hecho. Pero ¿y si no es para tí, para vosotros? 

Todos tenemos automatismos, entender de dónde vienen, conectar contigo puede ayudar a hacer ajustes para mejorar tu vida, tu relación contigo misma y con otras personas.

¿Cómo detectar si ese equipaje mental pudiera estar afectando tus relaciones con tus hijos?

Te doy algunas claves para saber si estás actuando “en automático”

  1. Identifica situaciones que te generan particular malestar. Comportamientos, hábitos, actitudes que te saquen particularmente de quicio.
  2. Pregúntate si pudiera haber alguna referencia del pasado vinculada con tu reacción en esa situación, con la manera en que la afrontas o cómo te hace sentir.
  3. Reflexiona para entender si tus reacciones responden al hecho concreto del presente o más bien están conectadas con ese pensamiento, expectativa o referencia que has identificado.

¿Por qué cuesta tanto cambiar?

En ocasiones el cambio cuesta porque requiere integrar nuevos aprendizajes y eso no siempre es fácil. Supone descartar viejas creencias y, sobre todo, hacernos conscientes de cuestiones que a veces preferimos dejar en la oscuridad. Sombras de la infancia, de nuestras relaciones familiares precedentes. Parte de nuestra historia personal que no siempre es agradable traer de nuevo a la consciencia. 

Cambiar requiere esfuerzo y trabajo personal y seguir esos patrones de pensamiento y acción ya integrados supone economía de pensamiento y reflexión. 

Ahora bien ¿qué hacer si en tu realidad actual, en tu propia familia, hay situaciones que te generan malestar y que te gustaría que fueran distintas?

Lynn Lott, psicoterapeuta y autora estadounidense propone las tres A’s del proceso de cambio: 

  1. Autoconsciencia (Autoconocimiento):  a veces conocerse uno mismo no es tarea fácil, se trata de un proceso reflexivo y progresivo que nos permite ser conscientes de nuestras capacidades y limitaciones.
  2. Aceptación: es la fase más difícil en la que decimos “esto es lo que hay” y lo aceptamos sin condiciones. Implica aceptar que las cosas son “así”, sin resistencia y a la vez sin bajar los brazos.
  3. Acción: coherente y sostenible. Coherente con la situación y con uno mismo, sostenible en el tiempo. Supone tener el coraje de soñar grande dando pequeños pasos.

Con frecuencia este proceso se detiene o ralentiza en el segundo paso. Muchas personas requieren ayuda o acompañamiento para transitar esta fase y pasar a la siguiente, definiendo previa y conscientemente aquellas acciones a poner en marcha.

Observar, conectar contigo y lo que quieres para tí y tu familia también es liderar. Buscar opciones y ayuda si es necesario también. El “siempre se ha hecho así” puede llegar a hacer mucho daño, sobre todo porque no todos los patrones se adaptan a todas las realidades. Anímate a otros aprendizajes y horizontes. Busca tu propio camino. Podrías sorprenderte de los hallazgos.

Soraly Resplandor 

Consultora de Comunicación y Convivencia Familia
Ayudo a madres y padres de niños entre 0 y 6 años a entender mejor el lenguaje emocional de sus hijos para transformar la realidad en el hogar. 
Recursos prácticos y útiles cada día para criar y educar con visión de largo plazo.    
Creadora del programa Liderazgo Amable en la Familia – LAF ©

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